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11 de septiembre de 2001: Día D y hora H de la profundización del intervencionismo yanqui

Publicado: 11 de septiembre de 2018 a las 12:06 | Última actualización: 11 de septiembre de 2018 a las 16:45

Imagen de las ruinas de las Torres Gemelas del World Trade Center Imagen de las ruinas de las Torres Gemelas del World Trade Center

Imagen de las ruinas de las Torres Gemelas del World Trade Center
Foto: Internet

El 11 de septiembre de 2001 el mundo se despertó con la noticia de un “ataque terrorista” contra las Torres Gemelas del World Trade Center (centro mundial del comercio) en la ciudad de Nueva York, hecho que marcó el fin de una era en las relaciones internacionales que se definía en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y abrió el campo a la implementación de una nueva política denominada “guerra contra el terror”, donde Estados Unidos, se convertía en acusador, juez y verdugo.

“Esta noche somos un país despierto por el peligro y llamado a defender la libertad. Nuestro dolor se ha convertido en rabia y la rabia en determinación. Tanto si traemos a nuestros enemigos ante la justicia como si llevamos la justicia a nuestros enemigos, se hará justicia”, fueron las palabras del entonces presidente de la nación norteamericana, George W. Bush, en su discurso ante el congreso el 21 de noviembre de 2001, avizorando que su país, se preparaba no solo para defenderse sino para perseguir en cualquier territorio a los “terroristas”.

Afganistán y la invasión convencional

Tras este discurso y una arrogante amenaza contra Afganistán, el 7 de octubre de ese mismo año, sin el permiso del Consejo de Seguridad de la ONU, se dio la invasión a esta nación asiática por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña, bajo la acusación de resguardar al grupo terrorista que habría sido autor material e intelectual del secuestro de los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas y provocaron su derribo producto del voraz incendio que provocaron.

Para avalar esta acusación, los organismos de inteligencia de Estados Unidos presentaron los documentos de identidad de algunos de los autores, papeles que sobrevivieron al poderoso incendio, que según informes, provocó que las bases de las torres se derritieran. Estas personas fueron vinculadas con Al Qaeda; un grupo extremista del islam que fue eje primordial para el establecimiento del Gobierno Talibán en Afganistán y que para el logro de este objetivo, contó con el apoyo logístico de los EEUU, que no dudo en brindar armas a los talibanes que luchaban contra el ejército de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss).

Así nació la "guerra preventiva" que a lo largo de más de 15 años de batallas dejó más de 20 mil civiles asesinados en Afganistán y aseguró que el ejército de Estados Unidos lograra posicionarse sobre territorio asiático e instalar bases militares en esta nación fronteriza con Irán y cercana a antiguas naciones pertenecientes de la Urss.

Irak y el descaro imperial

Tras lograr el posicionamiento en territorio afgano en 2002 con el desembarco de infantería estadounidense, británica y canadiense, y el establecimiento de bases militares en este territorio asiático, se inicia la trama para posicionar la matriz de “existencia de armas de destrucción masiva” en Irak para justificar la invasión contra esta nación árabe que era gobernada por un antiguo aliado gringo, el dictador Saddam Husein.

Para llevar a cabo esta invasión, la industria militar estadounidense puso como su interlocutor al secretario de Defensa, Colin Powell, general que ya había dirigido la primera guerra del golfo en 1990, y que esta vez acudió en varias oportunidades al Consejo de Seguridad de la ONU, para mostrar las “pruebas” de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak y solicitar el apoyo de este organismo para la acción militar que Estados Unidos ya tenía planificada.

Esta propuesta de invasión fue vetada en varias oportunidades por Rusia y China, motivo por el cual, Estados Unidos lanzó una nueva ofensiva militar unilateral con el apoyo del primer ministro británico Tony Blair y del español José María Aznar, quienes luego de varios años dijeron que “fueron engañados” por los aparatos de inteligencia de los gringos y de sus países.

Esta acción militar derivó en la muerte de no menos 600.000 personas en su mayoría civiles, que fueron víctimas de los ataques con bombas que la fuerza aérea norteamericana realizaba especialmente en horas de la noche contra la capital iraquí Bagdad, y contra ciudades de importancia como Basora y Kirkuk.

Esta invasión se extendió por más de ocho años y dejó en ruinas a una nación que además de la destrucción y la muerte producida por una real y palpable crisis humanitaria, fue objeto del saqueo de sus reliquias arqueológicas por parte de las fuerzas invasoras.

Libia y el giro de la estrategia

Con la elección de Barack Obama, se abre un nuevo capítulo en la estrategia militar de los Estados Unidos, que se inicia con la salida del grueso de las tropas invasoras de Irak y la renuncia al envío de militares estadounidenses a naciones extranjeras, bajo el esquema de “la guerra secreta”.

Es así como Estados Unidos, inicia una campaña de posicionamiento de la matriz de “crisis humanitaria”, la creación de un Estado paralelo y la dotación de armamento a fuerzas radicales que se oponen al Gobierno de Muamar Gadafi.

Gracias a la matriz de crisis humanitaria, Estados Unidos, logró el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU que le había sido negada en los anteriores escenarios de invasión, y con solo crear una “zona de exclusión aérea” y una serie de bombardeos “tácticos”, logró despejar el territorio para el avance de las fuerzas “rebeldes” que fueron reconocidas por el Gobierno de Barack Obama y sus aliados de la Otan, como el Ejército de Liberación Nacional Libio.

Esta nueva estrategia, les permitió -previa destrucción de las ciudades de Trípoli y Bengasi- derrocar al Gobierno de Muamar el Gadafi, quien fue perseguido por fuerzas mercenarias, que lo capturaron y asesinaron tal como lo celebró entre risas la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, cuando al ser consultada sobre la posible aprehensión del líder libio dijo: "We came, we saw, he died!" (¡Vinimos, vimos, él está muerto!)

Esta nueva aventura de la industria militar del imperialismo, hizo que Libia pasara de ser el país con el mayor índice de desarrollo humano de África y Medio Oriente, a convertirse en un desmembrado territorio, señalado de ser “nido de terroristas”, con altos índices de desnutrición y promotor del comercio de esclavos.

Siria y la pared rusa

Logrado el objetivo en Libia, con la llamada Primavera Árabe el imperialismo enfila su batería contra el Gobierno de Siria, y comienza la campaña de creación de la matriz de "crisis humanitaria", la dotación de armas a las fuerzas antigubernamentales y terroristas, así como el reconocimiento a la Oposición Libia Moderada.

En este esquema se inicia la escalada belicistas de los mercenarios que apoyados por bombardeos “tácticos” logran dominar gran parte del territorio sirio, tal y como ya lo habían hecho con éxito en Libia.

Pero a diferencia de lo acontecido en Libia, donde Rusia y China, no vetaron la propuesta militar presentada por Estados Unidos, en el caso de Siria, estas naciones se colocaron firmemente en contra de una acción militar directa de las fuerzas estadounidenses, pero además el Gobierno de Vladimir Putin decidió apoyar la petición de su par sirio Bashar al Assad y despliega tropas rusas en este territorio.

Esta acción militar de Rusia, permitió iniciar el contraataque sirio que tras siete años de intensas batallas, domina más del 95% del territorio y, se dirige al fortalecimiento de su victoria y el fin de la guerra, esto pese a la nueva estrategia de Estados Unidos, de acusar a Siria de perpetrar "ataques con armas químicas", acusación que solo busca justificar el bombardeo contra unidades claves para el combate de las fuerzas leales al presidente constitucional sirio, Bashar al Assad. 

El peligro de las Torres Gemelas 

Todas estas acciones de “guerra preventiva” y “guerra secreta”, amparadas bajo la estrategia de “guerra contra el terrorismo”, tuvieron su génesis en un ataque -que además de ser muy objetado por la espectacularidad del mismo y la sospechosa inacción de los organismos de inteligencia- solo causó la muerte de un número no mayor al 0,001% de las víctimas que han provocado las acciones militares estadounidenses que se suscitaron posterior a la caída de las Torres Gemelas, tragedia que han significado para el mundo, el derribo del derecho internacional y la imposición de la política de guerra “sin cuartel” contra todo lo que Estados Unidos considere “terrorismo”