Cabezal Cabezal

Así Santander fue destituido y condenado

Publicado: 28 de agosto de 2019 a las 06:00 | Última actualización: 28 de agosto de 2019 a las 10:31

Miniatura de José Martía Espinosa Prieto. Colección del Museo Nacional de Colombia Miniatura de José Martía Espinosa Prieto. Colección del Museo Nacional de Colombia

Miniatura de José Martía Espinosa Prieto. Colección del Museo Nacional de Colombia
Internet

El 28 de agosto de 1828 fue destituido el  General Francisco de Paula Santander de la Vicepresidencia de la Gran Colombia. Hace hoy 191 años.

El distanciamiento entre Bolívar y Santander tiene varios orígenes, el primero era la renuencia que tuvo este último en acatar disposiciones convenientes para el forjamiento de la primera gran república colombiana; en segundo lugar sus despropósitos  en relación con los vencidos,  y por último la visión cortoplacista y avidez pecuniaria.

1.- Después de la Batalla de Boyacá el espíritu magnánimo del Libertador se manifestó mediante un trato digno a los vencidos. Por encima de la vigencia del Decreto de Guerra a Muerte les dio garantías de buen trato y justicia por parte de los patriotas. La alta oficialidad de los  capturados fueron invitados a su mesa a contemporizar; Bolívar tenía en mente un intercambio de prisioneros con el fugitivo virrey Sámano para dar comienzo así a la regularización de la guerra y dejar en el olvido los horrores de la Guerra a Muerte.

Semanas después, Santander, quien era indudablemente cruel, contraviniendo las órdenes dadas por el Libertador, mando a ejecutar a sangre fría a los que habían sido convidados a su mesa. Presenció las ejecuciones y se alegró de ellas. Cuando cierto oficial monárquico fue atrapado, Santander escribió:

“Me traen de Neiva al famoso Segovia, con quien pienso romper una fiesta muy solemne en esta plaza pública”.

Acto seguido mando a organizar una pomposa ejecución del oficial de marras.  

Evidentemente Bolívar había sobreestimado la prudencia de Santander al dejar en la retaguardia a 1.600 soldados y oficiales capturados bajo su custodia.  

2.- La victoria de Bolívar en la campaña de la Nueva Granada (1819) atrajo a muchos entusiastas; la batalla de Boyacá sacudió la conciencia nacional y una nueva ola de entusiasmo se apoderó de la población. Era impretermitible organizar las finanzas, él ejército y el gobierno en el término de la distancia, por cuanto su presencia era urgentemente reclamada en las sesiones del Congreso de Angostura y estaba aún pendiente la proeza de independizar cuatro naciones más.

A tales efectos, y  en virtud del entusiasmo reinante, Bolívar ordenó la libertad de los esclavos mediante el concurso de los mismos como soldados en el ejército con miras a la campaña del Sur y Venezuela. Santander aceptó la idea de mala gana y la orden, por parte de él, fue obstaculizada. Su concepción de la revolución libertadora  era la de un godo conservador recalcitrante que miraba a los esclavos por encima del hombro,  y que jamás renunciaría a sus derechos de clase alta en favor de las clases de color.

Bolívar era esplendido, generoso y conciliador; creía en una nueva raza cósmica universal, en un nuevo hombre y mujer, producto de ese crisol cultural de cuya mezcla generaría una civilización futurista, sol de  la humanidad. En cuanto a su erario personal lo entrego todo en favor de la causa libertadora, lo cual era en su época una de las mayores fortunas de hispano-américa.

 Santander era un avaro espantoso, la perspectiva de obtener una mejor paga lo embelesaba, con suculenta  fruición. En su testamento dejó  perfecta mención  de todas las cantidades que se le adeudaban y la fecha cierta en que debían ser cobradas, aún las cantidades más irrisorias. Dejó, en previsión testamentaria, todas las indicaciones y detalles para que fueran cobradas puntualmente en los lapsos establecidos después de su muerte.  Tras nueve años interno en colegio religioso aprendió todas las formas de predicar y  practicar el derecho romano  a la propiedad  lisa y llana,  aun después de vencido el término de la vida terrenal.

3.- En el evento de la pradera del  Rincón de los Toros, ocurrido un  26 de abril de 1818, también  la conducta de Santander da mucha tela que cortar, fue el quien  prácticamente guio  a los españoles hasta el chinchorro de Bolívar para que acabasen con él. El coronel realista Renovales al mando de 40 de los suyos, tomó en la noche el rumbo hacia el campamento patriota para asesinarlo.

 La historia sobre este atentado no ha podido ser esclarecida, aunque se sabe que un soldado traidor reveló a los realistas el santo y seña para la noche siguiente, amén del lugar cierto donde  pernoctaría Bolívar, la conducta de su edecán queda envuelta en una niebla de incertidumbre.

4.- Para Bolívar “….La esclavitud es la hija de las tinieblas, un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción.” Educar al pueblo, dar luces a todos, igualdad ante la ley y  espíritu solidaridad continental es la filosofía práctica de la revolución.

Para Santander los límites y concepto de lucha independentista no iban más allá de las fronteras virreinales de la Nueva Granada y de la satisfacción de acrecentar su fortuna personal. El Libertador sobreestimo al recién ascendido general, aunque sabía de su avaricia por el dinero, sabía que era ostentoso en frugalidad y economía, pero no sabía que el universo de Santander giraba en torno a sí mismo. No era ni soldado nato, ni oficial capacitado, era en el fondo un abogado, arrastrado por las circunstancias de la guerra, y obligado a vestir un uniforme militar al lado de un gran hombre que lo elevó a los más altas esferas del poder.

Muchos afirman que Simón Bolívar, al otorgarle tantos honores, simplemente amoló el cuchillo que más tarde le dio muerte. Santander no era hombre de armas, carecía de coraje en el campo de batalla. Era cerebral y distante, los lanceros de Páez no acataban sus órdenes y lo increpaban con irreverencias y desaires propios de hombres del campo.  Esto hizo que macerara odio y resentimiento contra los venezolanos.

Al ser destituido de la Vicepresidencia de la Gran Colombia fue designado para que ejerciera funciones diplomáticas en los Estados Unidos, cargo que aceptó solo con la condición que le dieran unos meses para solventar asuntos personales. ¿Sería que este fue el tiempo necesario para planificar y ejecutar, casi un mes después, el 25 de septiembre de 1828, el atentado septembrino?

Su participación en este parricidio frustrado le condujo a un juicio militar que le impuso  la pena capital. Nuevamente Bolívar, haciendo gala de su ecuanimidad, le conmutó la pena de muerte en el paredón de fusilamiento, por el exilio dorado en Nueva York, craso error.

ALEJANDRO CARRILLO

[email protected]

 

 

Deja tu comentario: