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Bicentenario de la Batalla de Boyacá

Publicado: 7 de agosto de 2019 a las 06:00 | Última actualización: 6 de agosto de 2019 a las 21:40

“Bolívar siempre compartió las inclemencias del tiempo y del hambre con sus soldados“ “Bolívar siempre compartió las inclemencias del tiempo y del hambre con sus soldados“

“Bolívar siempre compartió las inclemencias del tiempo y del hambre con sus soldados“
La batalla de Boyacá, 1926. 148 x 634 cm. Tríptico. Óleo sobre lienzo. Colección Museo Nacional, Bogotá

La acción decisiva de Juan José Rondón el 25 de julio de 1819  abrió las puertas al ejército libertador para la toma definitiva de la capital del virreinato de la Nueva Granada con sede en Bogotá. El 3 de agosto, a tan solo nueve días de la hazaña de Pantano de Vargas Bolívar marchó nuevamente contra el ejército monárquico que estaba acantonado en Paipa al mando de José María Barreiro, quien prevenido del ataque dio la orden de retirada.

Bogotá está  a 150 kilómetros de distancia y hacia allá marchaban dos ejércitos  en paralelo, uno al garete huyendo y el otro avanzando para precisar la batalla. Los patriotas transitaron a través de la noche, evadiendo el camino principal aún controlado por los realistas.  Tomaron en cambio un sendero alterno hacia el Oeste flanqueándolos al pasitrote para  cortarles el paso y las vías de comunicación con la fuente de abastecimiento.

Bolívar entró en Tunja el 5 de agosto, fue aclamado por todo el pueblo que se volcó a recibirlo con entusiastas consignas y cantos populares. La guarnición militar, que dejo atrás Barreiro  en su huida fue tomada integra por Bolívar, quien pasó a  controlar todas las vías.

Los monárquicos huyeron por las montañas tratando de restablecer la comunicación con capital,  lo cual fue imposible de ejecutar pues Bolívar se adelantó una vez más para  interceptar la huida y evitar la reunificación de las fuerzas realistas. Esto se verificó  en el puente que cruzan  el río  Teatinos en las inmediaciones de Tunja.

El 7 de agosto de 1819, a las dos de la tarde, ocurrió el encuentro, la situación ahora era diametralmente opuesta a la existente al comienzo del ascenso a los Andes. La tropa del Gral.  Barreiro estaba exhausta y mal alimentada, era un ejército  disminuido.  Los soldados de Bolívar se habían recuperado, estaban mejor equipados y prestos a la batalla.

La estrategia de Barreiro era demasiado evidente, pretendía cruzar y controlar el puente de Boyacá por cuanto sobre este convergían  la vía principal, los caminos aledaños y la ruta de regresó a Bogotá.

Cuando la vanguardia de Barreiro se acercaba al cruce del río Teatinos, un comité de bienvenida, conformado por la caballería patriota, le atestó un ataque repentino. Barreiro confundido creyó que era una táctica  de reconocimiento y ordenó a su vanguardia abrir fuegos para limpiar la marcha de sus tropas.

Sorpresivamente las fuerzas de Bolívar emergieron de todas las montañas circundantes. Pocos españoles lograron cruzar el puente, la mayoría del ejército realista estaba a una milla de distancia  de la orilla del mismo.  Barreiro en su obsesión por lograr que todo su ejército lo cruzara  no se percató que estaba totalmente rodeado.

El enfrentamiento duró dos horas, el neogranadino Santander luchó por la posesión del puente; el venezolano José Antonio Anzoátegui dirigía la mayor parte del ejército patriota,  Bolívar mismo llego al frente de batalla luego de que esta había comenzado.

La suerte fue de nuevo determinada por los llaneros venezolanos que con sus lanzas acorralaron a los realistas por la derecha. La vanguardia española se rindió, de los tres mil soldados del ejército realista mil seiscientos fueron tomados prisioneros, entre ellos estaba Barreiro y su estado mayor. Todos sus  pertrechos, armamentos y caballos  cayeron en manos de los patriotas.

Bolívar personalmente persiguió al resto del ejército derrotado. Los republicanos independentistas perdieron  trece de sus soldados las fuerzas realistas perdieron más de  cien y toda su artillería.

Bolívar por su parte trató a los vencidos con dignidad, después de la batalla los invito a su mesa y les aseguró que podían tener confianza en el buen trato y justicia de los patriotas.

Semanas más tarde Santander, a espaldas de Bolívar y contraviniendo sus órdenes, los hizo ejecutar en una acción de insubordinación y desacato que aún permanece injustificable ante los ojos de la historia, pero que era un adelanto evidente de las acciones arbitrarias y desmedidas que Santander tomaría contra el propio Libertador.

La batalla de Boyacá fue un movimiento brillante que ejerció Bolívar contra los realistas, fue un juego de marchas y contramarchas que magistralmente ejecutó para agotar las fuerzas de su contendor. Al final Barreiro se equivocó en todo lo que hizo, sus acciones mal  dirigidas y sus avances poco acertados.

Como diría Lenin: fue un golpe a un inválido desorientado.

Acto seguido Bolívar se dirigió a su último objetivo: la toma de la capital del virreinato. El virrey Sámano y su rancia corte bogotana dieron todo por perdido. Días antes había publicado un rimbombante boletín sobre la derrota de Bolívar del cual se tuvo que tragar palabra por palabra en medio del ridículo al que se expuso. Se disfrazó de indio, con atuendo de ruana y sombrero,  huyendo velozmente hacia  el río Magdalena rumbo al puerto de  Cartagena de Indias.

Ante la mirada atónita de la alta casta bogotana y del pueblo que lo vitoreaba sin cesar, El Libertador entró a la ciudad virreinal el 10 de agosto de 1819,  no llevaba consigo facturador  lleno de deudas por cobrar, no ejerció pase de cuentas, ni venganzas, ni retaliaciones.  Desmontó de su caballo de guerra frente al Palacio del Virrey. Por sus órdenes directas solo un hombre fue castigado, entre los prisioneros supo reconocer  al felón Vinoni, tránsfuga traidor, que jugó  un papel determinante en la entrega del Castillo Libertador y la caída Puerto Cabello, lo cual puso fin a la Primera República. Este  si fue ejecutado.

Como campaña militar la Independencia de la Nueva Granada fue estratégicamente  extraordinaria, se libró al norte del hemisferio suramericano del yugo opresor que ejerció cruelmente el imperio español por más  de  300 años.

Desde Angostura, sede del congreso republicano, pasando por las extensas e inundadas llanuras  de Apure y Casanare, en tan solo 75 días, Bolívar y su semidesnudo ejército llegó al corazón del imperio español, atravesando más de 1.800 kilómetros y venciéndolo en todas las oportunidades.

Bolívar siempre compartió las inclemencias del tiempo y del hambre con sus soldados, siempre estuvo en medio de ellos, en la hora del descanso no dormía y trabajaba incesantemente en todas las tareas. Después de una larga marcha se le veía cuidando a los  desfallecidos, descargando a los caballos y preparando los avances del día siguiente.  Una y otra vez animaba a las tropas con su elocuente discurso, mantuvo la energía moral siempre al máximo como  un sol que iluminaba con su  optimismo a todos sus compañeros de armas.

Lo inusual de esta proeza fue que en esta campaña Bolívar todo lo hizo improvisadamente y su incansable genio halló soluciones para todas las dificultades. Venció  a un enemigo numéricamente, armamentísticamente y logísticamente superior e hizo girar siempre la aplastante  rueda  de las circunstancias adversas a su favor.

ALEJANDRO CARRILLO

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