Cabezal Cabezal

Chavistamente: Descontentismo 2.0

Publicado: 28 de noviembre de 2018 a las 14:59 | Última actualización: 28 de noviembre de 2018 a las 16:37

Descontentos que, desde su superioridad moral, nos llaman a entender lo equivocados que estamos con el mismo tonito de aquel nefasto y guarimbero “hermano chavista, tu peo es mi peo” Descontentos que, desde su superioridad moral, nos llaman a entender lo equivocados que estamos con el mismo tonito de aquel nefasto y guarimbero “hermano chavista, tu peo es mi peo”

Descontentos que, desde su superioridad moral, nos llaman a entender lo equivocados que estamos con el mismo tonito de aquel nefasto y guarimbero “hermano chavista, tu peo es mi peo”
Con el Mazo Dando




Uno de los productos de esta guerra es el descontentismo. Se entiende que no todo el mundo puede aguantar la pela. Es normal agotarse, porque lo peor de esta guerra no es lo económico sino lo psicológico. Lo económico es la palanca para reventarnos la moral, no es nuestro dinero lo que quieren, quieren nuestra voluntad. 

El 10 de enero de 2013, porque todos somos Chávez, nos juramentamos en su nombre, en el nuestro. Ese día esquivamos con nuestra conciencia colectiva el cañonazo que el enemigo nos tenía preparado. El recuerdo de ese día me emociona, inevitablemente, al punto de piel de gallina. “Tú también eres Chávez…” nos dijo, y lo asumimos, por eso el enemigo que nos imaginó deshechos sin Chávez supo que lo único que podía hacer era intensificar la guerra que llevábamos ya 13 años derrotando.

El problema es que la guerra hace estragos y alguien que juró ser Chávez no se puede rendir y ya. Se vería feo -piensan, sin pensar que simplemente se vería humano. Entonces, para justificarse ante ellos mismos, y más importante, ante el mundo -al que le importa un pito- se aferran a la máxima “Maduro no es Chávez” que la oposición quiso acuñar desde aquel 8 de diciembre pleno como la luna llena, y para consolarse, pretender revocar la irrevocabe certeza de Chávez de que Nicolás debía ser el conductor de este barco. 

Se acomodan en la falacia del “Chávez se equivocó” -también sembrada desde el bando enemigo-, que pretende lavarles las caras a quienes se quiebran, a la vez que embarran la de Chávez, y disfrazan su rendición con algún un adjetivo que los pinte más chavistas que todos. Entonces son “chavistas críticos”, “chavistas originarios”, “de izquierda de toda la vida” y los patéticos “chavistas pero no maduristas”… Y aplaude J.J Rendón.

Así, con sus caras tan lavadas, nos dicen con una prepotencia digna de cualquier Doña de El Cafetal, que Chávez, el hombre más vergatario que ha parido esta tierra, se equivocó en lo que fue su decisión más pensada, la más crucial de todas. El hombre que nos levantó, el estratega que nos condujo a todas las victorias del mundo, simplemente, la cagó al final. Y te lo dicen como si nada, a la vez que te pintan a un Chávez idílico hecho a la medida de cada uno. Un Chávez para todos los gustos, pero nunca el Chávez que nos pidió apoyo para Nicolás.

Insisto, la gente tiene derecho a agotarse, es normal bajo un ataque tan feroz y sin tregua,  como el que estamos viviendo. Lo que yo no entiendo es el afán de algunos de sumar descontentismo, tarea a la que dedican más tiempo que al resto de sus ocupaciones, convirtiéndose en una especie de Torquemadas tuiteros de que lanzan a sus hogueras de 280 amargos caracteres a cuanto chavista siga de pie, peleando y contento, por ser herejes ideológicos… ¡Malditas sean la alegría, la esperanza!

Una movida sistemática: tuiteros, columnistas y páginas web que no tienen espacio para una sola línea a favor del gobierno. Se enganchan en campañas efímeras como si fueran batallas definitivas, épicas, que luego olvidan para engancharse en una nueva que también olvidarán. Campañas todas dirigidas a salpicar a Nicolás, a los militares, al cualquiera que sea el enemigo de nuestro enemigo. Es que ellos sí tienen formación ideológica y no se van a dejar manipular, you know…

Hace unos días se quejaban de la basura en Caracas. Mientras ellos tuiteaban, las comunidades se organizaban y los camiones empezaron a llegar. “¡Qué rabia! Y yo que tenía un artículo lloroso a medio escribir. No importa, lo termino y lo ilustro con la foto de una esquina que tomé hace un mes, aunque hoy esté limpia, nadie lo va a notar”. 

Y es la basura, y es la luz, y son los precios, y es el Petro, y es el cumpleaños de Nicolás, y es el pernil si no llega -y mudos si llegó-, y es un llanto rabioso y constante que calla cuando recoge su caja de CLAP, cuando le atienden en el CDI, cuando sus hijos reciben su morral tricolor. Callan nuestras victorias, pequeñas y grandes y solo gritan sus quejas sesgadas, la última una tan vil y tan grotesca que sirve de maravillas al propósito gringo de armar un expediente de violación de DDHH, tan asquerosa que no la voy a mencionar aquí. Lo arrecho es que esta y otras llorantinas de lanzan desde los espacios de la revolución. Una vaina muy loca…

Un clan de ex funcionarios que ahora sí saben lo que hay que hacer, junto a funcionarios dedican sus largas y aburridas horas de trabajo a tuitear que en este gobierno no hace lo que tiene que hacer ¡clic! 

Descontentos que, desde su superioridad moral, nos llaman a entender lo equivocados que estamos con el mismo tonito de aquel nefasto y guarimbero “hermano chavista, tu peo es mi peo”. Y como no damos nuestro brazo a torcer, terminan siempre en un amenazante “a ver a dónde te vas a meter, jalabolas, cómplice de este desastre, enchufada, tarifada en petros…”. Militantes del descontentismo que nos atacan para convencernos del error que cometemos quienes seguimos peleando, no vaya a ser que les terminemos demostrando que Chávez tenía razón. 

CAROLA CHÁVEZ

@tongorocho