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Chavistamente: Otro día de lucha incomprendida

Publicado: 10 de julio de 2019 a las 15:52 | Última actualización: 10 de julio de 2019 a las 16:07

"Marx Lenin regresa a casa, se pone como pijama una vieja franela que dice наслаждайтесь кока-колой (enjoy Coca Cola) y su fiel calzoncillo ovejita" "Marx Lenin regresa a casa, se pone como pijama una vieja franela que dice наслаждайтесь кока-колой (enjoy Coca Cola) y su fiel calzoncillo ovejita"

"Marx Lenin regresa a casa, se pone como pijama una vieja franela que dice наслаждайтесь кока-колой (enjoy Coca Cola) y su fiel calzoncillo ovejita"
Con el Mazo Dando

Otro día de lucha: Marx Lenin Martínez se pone su chaqueta sobre una camisa de cuadros que una vez fueron azules y hoy verdean amarillentos; unos zapatos de aquellos que llamaban “pisa mojones” y un blue jean bota ancha; porque un hombre de izquierda que se respete no puede sino ser un anticristo de la moda. Se peina mal peinado su pelo de corte indefinido, que dice que no se corta el pelo, aunque se lo corta para que parezca que no se lo cortó, sin reparar que el tinte negro, con que se cubre las canas, delata la vanidad que pretende ocultar.

Se bebe el primer café con las noticias de la fuente más confiable: Twitter. Retuit, retuit, retuit solidario, crítico, indignado, rapidito, porque la inmediatez de las redes no le permite verificar. La lucha no admite demoras ni titubeos. Imagínate quedarte fuera de grupo, que tu voz no sea elevada en la defensa la de última noble causa del momento: #SalvemosALaTruchaMerideñaDelReformismoDepredador. ¡Tuit! Mastica con desgano una arepa mientras publica en Facebook una foto de Rosa de Luxemburgo con una cita que Rosa jamás pronunció. Vuela para Instagram y agrega otra exótica barajita a su álbum de catador de cerveza artesanal. Sus camaradas, empujados por “la diáspora” y el desencanto, desde el coño Sur, le dan muchos “likes”.

La realidad le recuerda que es tarde, que tiene que ir al trabajo en autobús y que nadie lo invitó como ponente al próximo Foro de Sao Paulo. No entiende cómo este gobierno que se dice socialista no toma en cuenta sus atributos intelectuales, cómo no valoran sus profundos conocimientos de tuavaina… Claro, ¿qué van a saber de eso un autobusero y un montón de “milicos”? -piensa y se consuela tuiteando una frase amarga, llena de argentinismos, igualando al gobierno de Maduro con -digamos- el de Fujimori o el de Pinochet.

Pero, a pesar del horrendo reformismo madurista, que era el mismo reformismo, por cierto, del que acusaban a Chávez; Marx Lenin no tiene más remedio que permanecer de este lado de la talanquera, porque él es anti imperialista y como los gringos nos están atacando, como la oposición es aliada -no- títere de los gringos; como los revolucionarios como él son poquiticos, y además, primero muertos que “tercera vía”; no pueden sino hacer una declaración que diga ellos son los que saben, que ellos son la voz de la moral, de la razón histórica, de la inteligencia… que ellos son los que saben y que, cónfiro, qué rabia que nadie les para.

Que los gringos son malvados y atacan a nuestro país con sanciones que serán muy sanciones gringas, y tal, pero nada comparable a las de la heroica Cuba: ¡Eso sí son sanciones de verdad! Que está bien que las sanciones diseñadas para destruir nuestra economía son malucas y las rechazamos, pero también rechazamos que los salarios no alcancen y eso es culpa de Maduro, vaya usted a entender cómo deslindan una cosa de la otra, pero la deslindan y creen que les queda lindo y revolucionario, eso sí. 

Y ¡ay, ay, ay!, nos advierten a los chavistas reformistas -valga la redundancia- que por ahora no se van para otra parte con su histórico 4% de votos, que ahora es como el uno y medio; que les demos gracias al ataque imperialista que ha permitido que la luz de la moral impoluta, la luz del la revolución perfecta se quede con nosotros iluminando el camino que nos empeñamos en no recorrer, por ignorantes y malagradecidos, en el mejor de los casos; por oportunistas, jalabolas y gobierneros, en otros casos peores, o por estar empegostados en “las mieles del poder”, en los casos que ya no tienen remedio. 

Satisfecho con otro día de lucha, Marx Lenin regresa a casa, se pone como pijama una vieja franela que dice наслаждайтесь кока-колой (enjoy Coca Cola) y su fiel calzoncillo ovejita, se sienta a retuitear, retuitear, tuit amargo, por aquí, tuit amargo y sabihondo por allá y se queda dormido mientras espera que se cargue el Instagram que no se quiere cargar, culpeABACANTV. Esto en la URSS no pasaba… 

CAROLA CHÁVEZ

@tongorocho

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