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Eleazar Díaz Rangel, histórico y periodístico

Publicado: 24 de abril de 2019 a las 14:15 | Última actualización: 24 de abril de 2019 a las 14:24

"Con Eleazar pasa lo mismo que con José Vicente Rangel: uno tiene la sensación de que han estado aquí literalmente toda la vida" "Con Eleazar pasa lo mismo que con José Vicente Rangel: uno tiene la sensación de que han estado aquí literalmente toda la vida"

"Con Eleazar pasa lo mismo que con José Vicente Rangel: uno tiene la sensación de que han estado aquí literalmente toda la vida"
Hispantv

Es un excelente amigo, aunque le cuesta mucho ser tierno, dice la profesora Cristina González, una voz autorizada en eleazarología, una especialidad peculiar del ámbito del periodismo venezolano, la de los que se dedican a estudiar, comprender (y, en consecuencia, a querer) a Eleazar Díaz Rangel.

“El humor no es su fuerte, pero le gusta contar anécdotas graciosas de otros”, continúa la eleazaróloga. “A veces es ácido e intransigente, pero con él nunca te vas a aburrir. Siempre nos sorprende con un ángulo novedoso y muchas veces inimaginable sobre los temas que desarrolla, sean políticos, deportivos, económicos o sociales”.

Con Eleazar pasa lo mismo que con José Vicente Rangel: uno tiene la sensación de que han estado aquí literalmente toda la vida, que cubrieron noticias como el alzamiento de Andresote o que fueron corresponsales de guerra en la Campaña Admirable. Esas son exageraciones típicas de los periodistas de antes y de ahora, pues los dos tienen largos, larguísimos recorridos… pero no tanto.

En el caso de EDR (como él mismo suscribe sus columnas) anda en asuntos públicos desde principios de los años 50 (del siglo XX, claro). Por eso habla y escribe con la propiedad que solo tienen los testigos presenciales acerca de hechos tan remotos como el magnicidio de Carlos Delgado Chalbaud; el fraude de la dictadura (la de verdad) contra Jóvito Villalba; o los sucesos del 23 de enero de 1958.

A partir de entonces, su vida se despliega en múltiples vertientes: periodista, docente universitario, gremialista, investigador y político. Por ello, su currículum muestra las trazas de una intensa y polifacética actividad: senador de la República, directivo de la Asociación Venezolana de Periodistas, luego transformada en el Colegio; presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas; profesor y luego director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela; presidente de Venezolana de Televisión; director de Últimas Noticias; autor de libros sobre periodismo e historia y, sobre todo, un inagotable comentarista político que ha escrito sus columnas hasta en las condiciones de salud más adversas.

Otro grande de Sabaneta

Como le pasó a muchos, la vida de EDR encontró una encrucijada en la Revolución Bolivariana. Escogió una de las opciones y eso le ha ganado muchas admiraciones y también muchas antipatías y amargas rupturas.

Buena parte de los comunicadores que ayudó a formar en las aulas de la UCV están en el otro bando y no son pocos los que lo han acusado de traicionar al buen periodismo que, según estas personas, es sinónimo de antichavismo.

Paradójicamente, desde el lado bolivariano no falta quien diga que es un infiltrado, que está a punto de saltar la talanquera. Son los hipersensibles de siempre, a los que les molesta cualquier crítica, por muy bien fundamentada que esté, y las de EDR lo están porque es obsesivamente exigente con los reporteros y también consigo mismo.

Quien nunca dudó de Eleazar fue el comandante Chávez. El respeto marcó la relación entre estos dos nativos de Sabaneta de Barinas, pueblo del que EDR salió a la edad de 14 años.

Amistad, beisbol, historia

La periodista Amarelis Vásquez (no viene a cuento, pero yo le digo “la Negra” y es mi esposa) lo conoció de niña y, aparte de muchas anécdotas, recuerda lo solidario que fue Eleazar con su padre, Pedro Manuel Vásquez, otro fundador de los gremios periodísticos, cuando enfermó gravemente.

“Mi papá estaba hospitalizado en Guacara o convaleciente en Valencia y hasta allá iba Eleazar a visitarlo”, cuenta.

Los integrantes de esa estirpe de periodistas tuvieron (y tienen) unas amistades hermosas, forjadas al calor del día a día noticioso de la época, en el que los medios impresos y las emisoras de radio populares llevaban la batuta.

Como muchos titanes del oficio en Venezuela, Eleazar es un periodista deportivo de origen. Sabe muchísimo de beisbol y –otro detalle digno de gran admiración– es tremendo caraquista. Su libro El beisbol en Venezuela es una muestra exquisita de lo que significa investigar un tema con sentido periodístico y a la vez histórico.

Y estamos hablando de tiempos en los que investigar no era mover el dedo sobre un mouse. Las investigaciones de EDR fueron hechas a pico y pala, revisando material microfilmado en las hemerotecas, escarbando en vetustos libros en la Biblioteca Nacional o en el Archivo General de la Nación o ventilando recortes amarillentos (porque hasta no hace mucho, los archivos no estaban en un pendrive, sino en unas carpetas que llenaban las casas de ácaros).

El carácter de periodista-historiador es evidente en varios libros de Eleazar, entre ellos Noticias censuradas, La prensa venezolana del siglo XX y Días de enero: ¿Cómo fue derrocado Pérez Jiménez? Pero esa doble mirada quedó particularmente plasmada en una obra que mi esposa (la Negra, pues) y yo tuvimos el privilegio de editar para el sello Aguilar de editorial Santillana. Fue El periódico de 1810, definido como “un ejercicio de periodismo novelado” para reconstruir, en código de texto noticioso, los sucesos de la Independencia de Venezuela.

El epígrafe de ese libro es una frase del periodista polaco Ryszard Kapuscinski, tomada de su libro Los cínicos no sirven para este oficio: “Estudiar historia en el momento mismo de su desarrollo, eso es el periodismo (…) Todo periodista es un historiador”.

EDR, en particular, lo es y aún hoy sigue haciendo periodismo e historia a la vez, escribiendo sobre lo que está pasando, sobre sus raíces profundas y hasta sobre lo que puede pasar porque –juran los más fervientes elezearólogos– pocas veces se equivoca en sus profecías.

El secreto del plátano horneado

En los años 80 corrió con fuerza la versión de que Eleazar Díaz Rangel había suscrito un pacto similar al de El retrato de Dorian Grey. Los demás de su generación envejecían, mientras él seguía lozano.

Treinta años más tarde, la gente sigue preguntándose cuáles son sus secretos, porque aunque ahora sí se le nota físicamente la edad, sigue impresionando a quienes lo rodean por su energía y capacidad de trabajo, resistente incluso a complejos malestares.

Felipe Saldivia, quien forma parte de la directiva de Últimas Noticias dice que “está totalmente activo, escribiendo más libros y artículos, con una memoria increíble y al tanto en tiempo real del acontecer nacional e internacional”.

Felipe cree haber detectado uno de los posibles factores de la longevidad: el plátano. “Lo come mucho, en especial le gusta el horneado, a la llanera”, dice.

Otra razón por la cual sigue vigente es porque no se quedó en los viejos tiempos. Ha hecho siempre el esfuerzo por estar al día con las innovaciones y no es de los nostálgicos y pesimistas que dicen que el periodismo dejará de ser un oficio de un momento a otro.

“Casi todos los diarios impresos de América Latina han reducido su circulación y han migrado a la web. Pero el periodismo como tal no desaparecerá. La profesión existirá mientras exista la necesidad de ser informado”, ha dicho el profesor.

CLODOVALDO HERNÁNDEZ

CIUDAD CARACAS

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