Incendio de la fábrica de blusas Triangle: 146 mujeres mueren quemadas vivas en Nueva York

Cuando terminó el incendio, 146 trabajadores de la Compañía Triángulo, mujeres en su mayoría, habían muerto quemadas o aplastadas.
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28/03/2022 06:29 PM

Antes del petróleo, el algodón, la lana y el carbón eran las locomotoras que movían la economía del mundo. Eran las materias primas  más valiosas y cotizadas en los mercados internacionales. A las fábricas Londres, Manchester y Nueva York llegaban toda la lana, algodón y carbón necesarios para mover la imperante industria textil. Para satisfacer estas demandas la monárquica Inglaterra manda a la miseria a cientos de miles de campesinos desalojándolos de sus tierras  de  labranzas para introducir rebaños de ganado ovino lanar. En Nueva York las obreras textiles eran objeto de condiciones de trabajo infames, con salarios de miseria, jornadas laborales de 16 horas diarias los siete días de la semana.

En 1909 Nueva York tenía quinientas fábricas de ropa. Una mujer recordaba más tarde las condiciones de trabajo:

“En esos agujeros malsanos, todos nosotros, hombres, mujeres y jóvenes ¡trabajábamos entre setenta y ochenta horas semanales, incluidos los sábados y domingos! El sábado por la tarde, colgaban un cartel que decía:

"Si no venís el domingo, no hace falta que vengáis el lunes".

 Los sueños infantiles de un día de fiesta se hicieron añicos. Nosotros llorábamos porque, después de todo, éramos sólo unos niños... En el invierno de 1909, las mujeres de la Compañía de Blusas Triángulo se organizaron y decidieron ir a la huelga. Pronto marcharon en la manifestación de piquetes, bajo el frío y sabiendo que no podían vencer mientras continuasen funcionando las demás fábricas. Convocaron un mítin masivo junto a los trabajadores de las otras empresas. Una adolescente, Clara Lemlich -una oradora elocuente a quien aún se le veían las señales de una paliza recibida recientemente en la marcha de piquetes- se puso en pie: "Propongo que se declare una huelga general ahora mismo". La asamblea se puso frenética y votaron ir a la huelga. Una de las huelguistas, Pauline Newman, recordaba años después el comienzo de la huelga general: Miles y miles de obreras abandonaban todas las fábricas, todas bajando hacia la plaza Unión. Era noviembre y el frío invierno estaba ya a la vuelta de la esquina. No teníamos abrigos de pieles para calentarnos, pero teníamos un ánimo que nos impulsaba hacia adelante hasta que llegásemos a alguna sala... El sindicato había esperado que se uniesen a la huelga tres mil personas. Pero se declararon en huelga veinte mil. Cada día se afiliaban mil nuevos miembros al International Ladies Garment Workers Union (Sindicato Internacional de Trabajadoras de la Ropa), que, anteriormente, había contado con pocas mujeres. Las mujeres de color participaron activamente en la huelga, que se prolongó durante todo el invierno, a pesar de la policía, los esquiroles, los arrestos y la cárcel. Las trabajadoras consiguieron sus peticiones en más de trescientas fábricas. Ahora, las mujeres se convirtieron en funcionarias dentro del sindicato. Pauline Newman recuerda: Aún puedo ver a la gente joven, mujeres en su mayoría, caminando sin importarles lo que pudiera pasar... hambre, frío, soledad... ese día concreto no les importaba; había llegado su día. Tratábamos de educarnos a nosotras mismas. Yo invitaba a las chicas a mis habitaciones y nos turnábamos para leer poesía en inglés, para mejorar nuestra comprensión del idioma. Uno de nuestros poemas favoritos era "La máscara de la anarquía" de Percy Bysshe Shelley:

 

"Rise like lions after slumber.

In unvanquishable number!

Shake your chains to earth, like dew

Which in sleep had fallen on you

You are many, they are few!

(Alzaos como leones.

después de un sueño profundo

en un número invencible.

Batid contra el suelo las cadenas

que durante el sueño han impuesto

sobre nosotros como el rocío.

Nosotros somos muchos, ellos son pocos)”

 

Las condiciones en las fábricas no cambiaron mucho. La tarde del 25 de marzo de 1911, un incendio en la Compañía de Blusas Triángulo, que empezó en un cubo de trapos, se extendió por las plantas octava, novena y décima, demasiado alto para que pudiesen llegar las escaleras de los bomberos. El jefe de bomberos de Nueva York había dicho que las escaleras sólo podían llegar al séptimo piso. Pero la mitad de los 500.000 trabajadores de Nueva York pasaban todo el día, quizá doce horas, por encima de la planta séptima. Las leyes requerían que las puertas de las fábricas se abriesen hacia fuera. Pero en la Compañía Triángulo se abrían hacia dentro. La ley decía que no debían cerrarse las puertas con pestillo durante la jornada laboral, pero en la Compañía Triángulo normalmente cerraban las puertas con pestillo, para que la compañía pudiera controlar a los empleados. Así que, atrapadas, las jóvenes murieron quemadas en sus mesas de trabajo o aplastadas contra la puerta de salida cerrada con llave, o tirándose por los huecos de los ascensores, donde morían. El World de Nueva York informaba: Hombres, mujeres, muchachos y muchachas se amontonaban en las repisas de las ventanas gritando, y se arrojaban desde lo alto a las calles. Saltaban con sus ropas en llamas… Las chicas se abrazaban y saltaban -lastimoso compañerismo nacido al borde de la muerte.”

Cuando terminó el incendio, 146 trabajadores de la Compañía Triángulo, mujeres en su mayoría, habían muerto quemadas o aplastadas. En Broadway, hubo un desfile en su memoria en el que marcharon 100.000 personas. Hubo más incendios y más accidentes. Según un informe de la Commission on Industrial Relations (Comité de Relaciones Industriales), en 1914 murieron 35.000 trabajadores en accidentes industriales y 700.000 resultaron heridos. (Tomado de Howard Zinn: La Otra Historia de los Estados Unidos).

 ALEJANDRO CARRILLO

acarr[email protected]

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