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¡Joyita! Este es el expediente de Germán Vargas Lleras, el agresor de venezolanos

Publicado: 30 de enero de 2017 a las 16:00 | Última actualización: 30 de enero de 2017 a las 16:02


Sin temor a equívocos podría decirse que en nuestro territorio Germán Vargas Lleras es un gran desconocido. Un don nadie. Una cosa. Un nada. Un cero a la derecha de la coma. Y que tal vez algunos de los cinco millones de colombianos que viven en Venezuela, obligados por las desigualdades propiciada por la rancia oligarquía de la que él mismo proviene, lo medio recuerden y no precisamente con dulzura.

Este tipejo que emplea epítetos y apela a adjetivos altisonantes para ofender el gentilicio de los hijos e hijas de Bolívar, cazó una pelea mal cazada. Para su infortunio, millones y millones de mujeres y hombres tendrán -ahora sí- la oportunidad de adentrarse en algunos detalles de su estéril actuación como espurio “dirigente”.

Se sabrá por ejemplo (o se recordará, es más apropiado) que por sus venas corre sangre guerrerista y que poco le interesa la paz del noble pueblo neogranadino. Estuvo entre quienes durante las primeras de cambio guardó “reservas” sobre al proceso de paz que el gobierno y la guerrilla de las Farc trabajaron durante años. Y aunque en la raya dijo que apoyaría el “Sí” durante el plebiscito del 2 de octubre, mucha agua había corrido bajo el puente como para creerle que su rectificación era sincera. Recuérdese que él estaba entre quienes forzaba colocar fechas a los plazos de las conversaciones en Cuba, demostrando que sus preferencias estaban encabezadas no precisamente por la necesidad de sostener los intentos pacificistas.

Cabe recordar que en 2013 culminó una investigación que en su contra cursaba la Procuraduría. Era averiguado nada más y nada menos que por presunto apoyo a paramilitares. Por esas cosas que ocurren en la “justicia” de su país, la causa fue archivada.

En octubre del año pasado, pulió su aburguesada mente neoliberal y salvajemente capitalista. Públicamente se opuso a que los pobres con acceso a vivienda, disfrutaran de la exención del impuesto. A su juicio, lo más indicado era que a los beneficiarios de viviendas de interés social le clavaran un gravamen como no lo hacen con los adinerados.

Su arrogancia clasista fue apreciada una vez más en diciembre de 2016. Como cualquier guapetón, arremetió contra un ciudadano que accidentalmente lo tropezó en medio de los saludos que le brindaba la gente en la localidad de Ciénaga de Oro, Córdoba. El hecho trascendió porque el agredido por el vicepresidente era nada más y nada menos que... ¡Uno de sus escoltas!

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