Malaverismos: El ratón del 14 de abril de 2002

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17/04/2022 06:00 AM

Ambrosio Mendoza, después de pasar un 13 de abril feliz, sin ver ni escuchar los medios, lo despertaron diciéndole  que el dictador había vuelto.


Eran las 4 y 45 de la madrugada del 14 de abril. El teléfono repicaba alocado. Como con rabia. Hasta que Ambrosio Mendoza se despertó y lo tomó y preguntó:
- ¿Quién coño es a esta hora?
- Soy yo, Hermógenes.
- ¿Qué te pasa, Hermo?
- Prende el televisor.
- ¿Para qué?
- Volvió el dictador.
- ¿Cómo es la vaina?
- Sí. El dictador se está bajando ahorita de un helicóptero en Miraflores.
- No me eches esa vaina, Hermo.
- Prende la vaina esa del televisor.- dijo Hermo y colgó.
- Hermo. Hermo. Hermooooo. Colgó ese gran carajo.
Ambrosio, desde la cama, tomó el control remoto y prendió el televisor. Y allí había una algarabía del carajo. Hugo Chávez saludaba a un gentío que lo estaba esperando. Después caminaba entre la gente muerto de la risa.
Ambrosio Mendoza movía la cabeza de derecha a izquierda. Apagó el televisor. Se puso de pie y fue caminado hasta la sala de la Quinta MariTe –María y Teresa, los nombres de sus dos hijas-. Se quedó detenido viendo la mesa. Allí estaban tres botellas de whisky 18 años vacías. Unos vasos. Platos de pasapalos. Botellas de soda. Botellas con agua, recordó que era agua de coco que había comprado, porque a él le encanta el whisky con agua de coco.
-Qué ratón tan arrecho.- se dijo.
Llegó hasta la silla que había ocupado el día anterior, y allí se sentó. Se agarró la cabeza y pensó que, cuando Pedro Carmona Estanga se juramentó en Miraflores, él estaba entre el público. Cuando escuchó que un tipo pegó el grito: “Te queremos, Pedro”, él estuvo a punto de gritar: “Yo te quiero más” pero se aguantó por pudor. Por esas vainas de la hombría que uno debe tener, no lo vayan a confundir con un homosexual golpista.
-Este ratón me va a matar.- se dijo.
Y siguió recordando. Cada vez que Daniel Romero leía un considerando, él era uno de los que aplaudía más fuerte. Y hacía coro cuando eliminaron a todos los magistrados y suplentes del Tribunal Supremo de Justicia, y gritaba durísimo. “Libertad, libertad, libertad”
-Me jodieron los chavistas la mejor pea que me había metido en mi vida, y además, con el mejor motivo.- se dijo.
Ambrosio Mendoza casi lloraba de la arrechera. Y seguía recordando. Cuando escuchó que "los presentes por favor, pasen a firmar el Decreto que acabamos de leer”, él salió a formar fila, y  se colocó detrás de un tal Carrasquero, y esperó con paciencia que todos aquellos hombres y mujeres, celebrando aquel momento, terminaran de firmar para dejar él allí su firma.
A su lado pasó corriendo José Gregorio Vásquez, el secretario privado del autojuramentado Pedro Carmona Estanga, y lo saludó.
-Se te nota la felicidad, amigo Goyo.
-Es lo máximo que he sentido en mi vida.- le respondió José Gregorio Vasquez 
Se puso de pie y fue a la nevera. La abrió y sacó una jarra de agua. Se la iba a tomar, pero prefirió echársela encima. Y después, viendo fijamente para la mesa donde reposaban las botellas de whisky, los vasos y los platos, se dijo:
-Este ratón no lo voy a olvidar nunca.

ROBERTO MALAVER

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