Cabezal Cabezal

Malaverismos: Ramos Allup en su laberinto

Publicado: 13 de mayo de 2018 a las 06:00 | Última actualización: 12 de mayo de 2018 a las 17:58

Ramos Allup Ramos Allup

Ramos Allup
Foto: Internet

Como un Hamlet adeco, Ramos Allup, frente a la falsa armadura en su biblioteca, se pregunta constantemente: Votar o no votar. Ser o no ser.


Muchos años después, frente a los textos originales del libro Venezuela política y petróleo, Henri Ramos Allup se acordaría del día en que Rómulo Betancourt lo llevó a votar a la Escuela Nacional Juan Bimba. “Democracia es votar”.- le dijo el brujo de Guatire en aquel momento, y aquella frase le había quedado clavada en el cerebro desde aquel día. Ahora estaba llamando a la abstención en las elecciones del 20 de mayo. Sabiendo que muchos de sus compañeros de partido se inscribieron para optar a cargos legislativos, él permaneció duro con su política de abstención, a pesar de que nunca había creído en eso.

En la quinta La Pipa de Guatire, allí en Los Palos Grandes, había un silencio sepulcral, como parece que son todos los silencios. Ramos Allup estaba solo frente a la falsa armadura que había comprado en Toledo, España. Y mientras veía la armadura se decía: “Quién me iba a decir a mí, que después de haber criticado tanto al excompañero Domingo Alberto Rangel, cuando proponía aquella tesis del voto nulo, ahora yo estuviera haciendo lo mismo” Acariciaba los papeles donde estaban las líneas a máquina de escribir del libro de su líder Rómulo Betancourt, Venezuela, política y petróleo, y pensaba: “Rómulo nunca me lo hubiese perdonado. Esto de llamar a no votar no es propio de adeco. Y además, está esa frase de Rómulo que me persigue día y noche: Democracia es votar”.

Había dejado un momento la meditación, cuando se escuchó el timbre de la quinta La Pipa de Guatire: wi-will-Come-back. Ramos Allup preguntó al intercomunicador que tenía cerca de la armadura: "¿Quién anda ahí?”. Y desde el intercomunicador se escuchó una voz: “Gente de paz. Zambrano”. “Pasa adelante, Zambranito”. Pulsó un botón y abrió la puerta de la  regia mansión. Edgar Zambrano entró diciendo: “Parece que somos los únicos que no vamos a votar” Ramos Allup dejó de mirar la armadura y vio a Zambrano, y le dijo: “También están Ramón Guillermo y José Curiel, que escribieron por allí que no iban a votar” Y Zambrano no perdió la oportunidad para decir. “Eso es lo que más me molesta, que estemos coincidiendo con esos dos copeyanos. Nosotros, que hemos sido más demócratas que los copeyanos, ahora coincidimos con esos dos”. “Es verdad –dijo Ramos Allup- es como para pensarlo. Con Curiel y Aveledo no se puede coincidir, porque eso quiere decir que vamos directo al fracaso. Y cómo será la cosa, que hasta el marginal Chúo Torrealba, dice que a votar, porque ese derecho no se lo quita nadie”.

En ese momento volvió a sonar el timbre de la mansión: wi-will-come-back. Y Ramos Allup preguntó: “¿Quién anda allí?". "Gente de paz. Andrés Velásquez”. “Esta es una grabación. Aquí no hay nadie”- contestó Ramos Allup. “Es en broma Andrés, pasa, pasa- volvió a decir Ramos. Y apretó el botón. Velásquez entró y dijo: “Si es de creer a las encuestas, podemos decir que aquí, de cada tres personas, tres están a favor de no votar”. “No montes una empresa encuestadora porque la vas a quebrar el primer día”- le dijo Ramos Allup. Y los tres hombres, que están dispuestos a no votar para defender la democracia, tomaron asiento en un sofá Luis XV, tan falso como la armadura, y Ramos Allup dijo: “Señores, yo quiero decirles que ya no tengo dónde meter tantos fracasos en estos 20 años del régimen. Y por lo visto, este llamado a no votar va a ser otro fracaso. Mejor hacemos como hizo Julio Borges cuando las elecciones para la asamblea en el 2005, que echo el pendejo salió a votar”.

Y allí quedaron tristes, solitarios y finales

 

ROBERTO MALAVER

Deja tu comentario: